Domingo 07 de marzo, 02:22 AM, ad-portas de un nuevo 8M, conmemoración
mundial del día internacional de la mujer trabajadora.
Como cada año hice el saludo para las socias del sindicato al que
pertenezco. Esto y otros sucesos ajenos a mí (pero que rozan mi realidad) me han
hecho pensar, pensar mucho y cambiar —por este año— un poco la visión de
esta fecha.
En otras ocasiones la visión era mucho más “combativa-revolucionaria”, quizá más social, grupal; mas esta
vez la perspectiva es otra, es ver el trabajo: el GRAN TRABAJO QUE
SIGNIFICA SER MUJER, fuera y dentro del hogar, fuera y dentro de si misma,
fuera y dentro de lo que somos y proyectamos, fuera y dentro de lo que hemos
vivido. Es una mirada al interior de nosotras mismas, de nuestras luchas
colectivas e individuales, es mirar atrás, a la huella del camino que
hemos recorrido, todo lo que nos condujo al hoy, todo lo que nos golpeó, volteó
o botó, lo que nos desvió o sacó de la ruta que habíamos trazado o siquiera pensado,
imaginado, lo que nos restó esencia, sueños, deseos y ganas, lo que dejamos
que nos destruyeran o destruimos nosotras por el motivo que fuese.
Abrir cajas negras selladas a presión es un peligro, una suerte de “riesgo biológico”,
la liberación de esporas toxicas, de recuerdos encapsulados, de daños
disfrazados, de historia, de violencia, de realidad, es altamente peligroso,
pero necesario. Hechos que marcaron y que guardamos por seguridad propia y de
otros. Sucedieron, y debían ser guardados en un lugar oscuro y olvidado, pero seguían
estando ahí, latentes como una bofetada que te deja el rostro rojo, ardiendo y
doliendo más allá de la mejilla, ese dolor en el ser, en los sueños, en las
esperanzas.
En toda suerte de mudanza, limpieza o movimientos drásticos siempre aparecen
esas “cajas”, esos cachureos de los que jamás nos deshicimos y que debemos hacer
algo con ellos, ¿sirven?, ¿los botamos.?
No sé, la respuesta puede ser variada, pero la mía, mi opción es, sacarlos,
limpiar y botar, aunque las esporas ya están por todos lados, dando otro golpe
de realidad (realidad de hechos, no de metáforas filosóficas inconducentes).
Miremos un poco adentro, a la niña, a la mujer, sí, a la mujer, del material que nos fuimos construyendo y la estructura que hoy somos,
¿Antisísmica?, creo que no, creo que faltan varios terremotos más por soportar, y claro, nos van a mover, nos van a desestabilizar, pero depende de nosotras hacer
análisis de daños y decidir.
Cuando vemos que esta sociedad esta llena de “paladines” y defensores de
las mujeres, de nuestras causas y derechos, pero que no se detienen un
segundo en su actuar cuando así lo han estimado, ahí, recién ahí, te das cuenta
que sólo nos tenemos a nosotras, que sólo entre nosotras nos podemos comprender
con total empatía, lo demás son sólo actos o discursos a conveniencia y en ese
preciso momento dejas de mirar a la otra como competencia, enemiga o rival,
porque no lo es, nunca lo fue… ella trae su historia, una historia que debieses
conocer sin juzgar.
Y volvemos a la manada, a lo grupal, a lo colectivo, acarreando todas esas vivencias personales que después de doler nos enseñan.
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